Cuando nació Internet no se pensaba que el número de usuarios conectados alcanzaría tales cifras, hoy en día hasta las neveras necesitan su propia conexión IP para conectarse a la RED. Y … como casi todo en esta vida se acaba, nos estamos acabando este protocolo.
Por suerte no es tan peligroso quedarnos sin IP como lo es quedarse sin petróleo, esta necesidad la tenemos ya cubierta, aparece un nuevo protocolo llamado IPv6, que sustituye al anterior IPv4 que no consigue dar cobertura a los sistemas futuros.
IPv4 asignaba 4.294.967.296 (2 elevado a la potencia 32) direcciones de Red diferentes y se calcula que ya se han utilizado las dos terceras partes.
Las direcciones IPv6 son de 128 bits, esto es: están formadas por 32 dígitos hexadecimales, un ejermplo de IPv6 sería 2006:1ui9:78s7:8769:9s6v:9804:7878.
El principal problema de implantación del nuevo protocolo lo encontramos en la traducción de conexiones de Red (NAT), que es la forma que tienen algunas empresas de hacer pasar todos los ordenadores de la red por un núcleo que es el que realmente se conecta a la red. Como la mayoría de los cambios nos supondrá un desembolso económico, ya que tendremos que cambiar las infraestructuras para que se adapten a este tipo de direcciones. Por ejemplo los routers tendrán que ser específicos para este protocolo.